Ángel
El taller de labrantes de Ángel (91), ubicado en el polígono industrial de Alpedrete, es el único que no ha desaparecido.
Durante décadas ahí se talló el granito extraído de las canteras de la dehesa para luego llevarlo en carros con bueyes a la estación de Collado Villalba. Ahora Ángel lo usa como pasatiempos por las mañanas, donde tiene un huerto, gallinas y perros de caza.
Ángel fue jefe de labrantes del taller. Su techo, expuesto al aire, implicó que él y sus trabajadores no sufriesen severamente la enfermedad de la inhalación de polvo, la silicosis. Aún así, era habitual tener accidentes laborales, como el que le hizo perder una falange del meñique.
Con los años los alrededores del taller han pasado de campo a edificios comerciales de negocios de construcción y automovilismo. Ángel dice: “Yo esto no lo vendo. Es lo poco que me queda. Ya se va conmigo”.