Goyo

Lograr una breve sesión fotográfica Goyo (74) no es fácil. Para ello hay que saber dónde vive, tocar la puerta (no usa teléfono móvil), caerle bien, invitarle a desayunar y ser muy puntual el día del encuentro. Sino marchará a pasear solo como cada mañana por la dehesa de Mataespesa, cruzando por la cantera donde trabajó durante décadas.

La cantera de Los Goliches es una de las más amplias de la zona. Ahí la familia de los Alonso tenía la concesión del ayuntamiento para trabajar su azulado y elegante granito. Aunque esté en desuso y recubierta de maleza se pueden ver los agujeros del proceso de extracción del material; una tarea que podía llevar días.

Para Goyo el oficio fue agridulce. Lo vivió, era lo que había, pero echó en falta una cooperativa competente entre canteros como sí hubo en otros pueblos. Nunca existió en Alpedrete una iniciativa fuerte que les acercarse a desarrollar una industria sólida. El paseo continúa y en un recoveco Goyo sonríe mientras cuenta cómo en el golpe de Estado del 23F él y su primo escondieron ahí mismo documentación del PSOE-Alpedrete por miedo a lo que pudiera pasar. Son muchos los recuerdos que pasan por su cabeza.



Para Goyo poco ha cambiado, cada mañana pasa por encima del granito de su cantera. No lo echa especialmente de menos, tampoco reniega de ello. Se quita las gafas y con su voz ronca dice: “Si nos hubiésemos puesto de acuerdo... si solamente hubiésemos pensado como grupo... quizás esto sería diferente”.

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