Paco

La caseta en la que nació Paco (89) ya no son más que escombros, al igual que las canteras en las que trabajó. Al quedarse huérfano de padre a los 12 años no le quedó otra opción que dedicarse, como sus otros familiares, al granito alpedreteño.

Su vida siempre ha ido de la mano con la piedra: en la mili, donde se ganó los honores del ejército por sus tareas como escultor; pasando por Alemania, donde trabajó como marmolista, hasta en su vejez, esculpiendo en casa sus propias piezas y realizando una obra teatral sobre la cantería. Lo único que ha frenado a Paco ha sido la silicosis, una enfermedad pulmonar causada por la inhalación de polvo que se llevó a muchos otros canteros y labrantes.

Paco echa la vista atrás leyendo los periódicos que certifican sus trofeos por ‘mejor cantero’ y recuerda cuando levantaba 100 kilos de piedra él solo. Cuenta como era estar a 30 y pico grados en verano y bajo cero en invierno. Como era trabajar por la mañana y por la tarde partido de fútbol. Cada uno era de una madre diferente, pero todos amigos.

Los estragos de la edad le impiden visitar las canteras donde trabajó, pero se enorgullece de vivir en una casa construida con sus propias manos. Ahora se dedica a cuidar a su esposa.


Paco dice: “Éramos una hermandad. Los canteros estábamos hechos de piedra”.

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